En el mundo arquitectónico circula una anécdota que relata como un profesional le mostraba a su cliente la fachada del edificio que acababa de diseñar, recabando su opinión. El cliente le contestó que esa cuestión no debía planteársela a él, ya que iba a verla en contadas ocasiones, sino que debía formulársela a los vecinos de enfrente, o incluso a los transeúntes, que eran quienes iban a disfrutarla o padecerla permanentemente. No sabemos si la historia es real o ficticia, pero, en cualquier caso, apunta en una interesante dirección.

Como cabe suponer, la duda del título no se refiere a la propiedad patrimonial, porque la respuesta es evidente, sino a otro tipo de apropiación, una de carácter simbólico que realizan todos los ciudadanos.


fuente: El país

Publicado: 4 de Abril de 2017